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Motoristas desafiantes convierten la ciudad en una selva

Foto José Armando ToribioPor José Armando Toribio

En la cotidianidad de la ciudad el ruido de los motores se mezcla con la prisa y la tensión mientras los motoristas avanzan como dueños de un territorio sin reglas visibles convirtiendo cada esquina en un espacio de riesgo donde la vida pende de decisiones impulsivas.

El motorista se escabulle por cualquier espacio porque su vehículo es pequeño y ágil pero esa ventaja se transforma en peligro cuando invade carriles que no le corresponden se desplaza en rojo y desafía normas básicas de convivencia vial sin medir consecuencias.

Las aceras han dejado de ser refugio del peatón y ahora son ocupadas por motores que obligan a la gente a bajar a la calle exponiéndose al tránsito pesado en un escenario donde caminar seguro se ha vuelto un lujo en medio del desorden urbano.

A cualquier hora del día o de la noche la temeridad se repite sin distinción ni pausa con conductores que parecen no reconocer límites ni señales actuando con una confianza que raya en la imprudencia y que termina poniendo en riesgo a todos.

Las cifras reflejan la gravedad de la situación ya que alrededor del 70% de las muertes por accidentes de tránsito están vinculadas a motociclistas lo que evidencia una crisis que trasciende lo individual y se convierte en un problema de salud pública

Mientras algunos calibran en avenidas y otros circulan como si no existiera ley el desorden se normaliza ante la mirada de autoridades que actúan de forma limitada dejando crecer una cultura de riesgo que transforma las calles en una verdadera selva de cemento donde cada día se libra una batalla por la vida.

En la República Dominicana las motocicletas representan cerca del 57.9 por ciento del parque vehicular según datos de la Dirección General de Impuestos Internos lo que explica en parte su presencia masiva pero no justifica el caos que generan cuando se ignoran las normas.

Como primera recomendación se hace urgente implementar campañas permanentes de educación vial que promuevan el respeto a las normas el uso del casco y la convivencia entre conductores y peatones fomentando una cultura de responsabilidad en las vías públicas.

En segundo lugar resulta necesario fortalecer la fiscalización con sanciones más estrictas y presencia constante de agentes de tránsito que garanticen el cumplimiento de la ley sin excepciones ni privilegios.

Finalmente es imprescindible impulsar políticas públicas que ordenen el uso de motocicletas incluyendo su registro formal, capacitación obligatoria de los conductores y mejoras en el transporte público.