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Nuevos nombres para viejas provincias

Foto Rafael Peralta RomeroVoces y ecos

Por Rafael Peralta Romero

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A propósito de nuestro artículo titulado "Provincias que deben cambiar de nombre", publicado el 11 de septiembre de este año, algunos lectores han preguntado acerca de cómo han de nombrarse las dieciocho demarcaciones mencionadas. Había adelantado que para ello conviene hurgar en nuestra historia como nación y en las relaciones ancestrales de cada territorio para determinar denominaciones honrosas y que resulten del agrado de los naturales de cada provincia.

Por ejemplo, Montecristi, podría ser provincia Marién y su capital conservaría el nombre Montecristi. Dajabón, la provincia, podría llamarse José Cabrera o Cerro de Capotillo, capital Dajabón. La provincia Puerto Plata se nombraría Gregorio Luperón y su capital Puerto Plata. Podríamos llamar Santiago el Mayor o provincia 30 de Marzo, a la actual provincia Santiago, mientras su municipio principal sigue siendo Santiago de los Caballeros.

La provincia La Vega podría llamarse La Concepción, mientras su capital, la culta y olímpica, seguirá siendo La Vega. Que Samaná siga identificando al municipio y la provincia peninsular sea honrada con el nombre de la reina Anacaona. El municipio Pedernales puede diferenciarse de la provincia a la que pertenece si esta llevara el nombre Jaragua, muy acorde con su ubicación. La provincia San Juan puede cambiar para La Maguana y su municipio cabecera regodearse con su viejo nombre San Juan de la Maguana.

Al municipio de Azua nos gozamos llamándolo Azua de Compostela, pues entonces que la provincia comience a llamarse Compostela. El nombre de Barahona sería más exclusivo si la provincia de la que es cabecera llevara otra denominación: Caonabo, por ejemplo. Propongo que la provincia San José de Ocoa, la más joven del país, ceda esa denominación a su municipio cabecera y renombrarse provincia Valdesia o provincia Ocoa.

Un justo orgullo de los naturales de San Cristóbal es que en esa villa se firmó la primera Constitución de la República Dominicana, en 1844.

Es justo que el municipio cabecera preserve su vieja identidad (San Cristóbal) y la provincia ostente el glorioso apelativo Constitución. La provincia Santo Domingo, la cual contiene tres municipios con similar nombre, además de lindar con la Capital, también llamada Santo Domingo, debe clamar a gritos que le busquen otro nombre. Por ejemplo: provincia Ozama o provincia Quisqueya.

¿Qué decir de Monte Plata? Que el municipio retenga su histórico nombre y la provincia sea nombrada Monseñor Meriño. En tanto que San Pedro de Macorís, municipio sobresaliente, mantenga ese nombre, pero la provincia sea denominada Macorix, La Sultana o Pedro Mir; La provincia La Romana puede llamarse Cayacoa, para honra del cacique, mientras su capital conservará La Romana, un nombre de mucho peso. La provincia Hato Mayor puede llamarse Maguá, a la vez que su municipio capital se pavonee con el vetusto apelativo Hato Mayor. Mi provincia El Seibo, de la que forma parte Miches, pudiera ceder ese nombre al municipio cabecera y lucirse ante el resto de la nación como provincia Manuela Díez, recordando a la ilustre progenitora del fundador de la Republica Dominicana, Juan Pablo Duarte.

El Congreso Nacional puede hacerlo, como hizo con Salcedo cuando la renombró Hermanas Mirabal. Me parece que es necesario y conveniente.