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Cuando los hijos cometen errores, son hijos de todos, menos de sus padres

Foto Marisela GutiérrezPor Marisela Gutiérrez

No escribo para agradar, escribo para que despierten.

Es común ver cómo algunos padres, al enfrentar los errores de sus hijos, optan por el camino más fácil: culpar a todo el entorno menos a sí mismos. Que fue el amigo, el vecino, el internet, la escuela, o incluso los abuelos, cualquiera, menos asumir que quizás fallaron en el hogar.

Es más cómodo justificar con excusas que reflexionar con responsabilidad. Pero lo cierto es que los valores, el respeto y la conducta comienzan en casa. No se trata de negar la influencia externa, sino de reconocer que la primera formación la da la familia.

Aceptar los errores de los hijos no es fracasar como padre o madre.

Es tener el valor de corregir, guiar y asumir con dignidad la parte que toca, porque educar no es solo dar comida o pagar estudios: es estar presente, formar con el ejemplo y enseñar con amor, firmeza y coherencia.