Obispo SFM dice Pan ofrece Jesucristo es el que convierte en una sola carne y espíritu
SAN FRANCISCO DE MACORÍS.- El obispo de esta Diócesis, Alfredo De la Cruz Baldera, declaró, con motivo de la gran celebración litúrgica del Jueves Corpus, una de las conmemoraciones más importantes y solemnes de la Iglesia Católica, que "el Pan ofrecido por Nuestro Señor Jesucristo, es el que nos hace una sola carne y un solo espíritu".
Exhortó a toda la feligresía y a la sociedad a un profundo reencuentro con sentido de unidad y comunión.
Inspirado en los textos bíblicos correspondientes a la solemnidad (Dt 8, 2-3. 14b-16a; Sal 147; 1 Cor 10, 16-17; Jn 6, 51-58), el prelado inició su intervención analizando las carencias del ser humano contemporáneo a través de la metáfora del desierto.
Afirmó que las realidades actuales, como el cansancio cotidiano, la incertidumbre, el dolor ante las pérdidas familiares o el desgaste en la labor pastoral, no son más que la soledad que a veces experimenta la sociedad dominicana en el camino.
Aseguró enfáticamente que el hombre de hoy no solo padece hambre de pan material, sino que arrastra una «hambre voraz de sentido, de consuelo y de amor eterno».
Frente a estas fragilidades y vacíos, Monseñor recordó la contundente promesa divina que responde a este desierto espiritual: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo».
La unidad como cura ante la fragmentación de la sociedad
Sustentado en las cartas de San Pablo, donde se proclama que, a pesar de ser muchos, se conforma un solo cuerpo por la participación de un único pan, el líder religioso reflexionó sobre el valor central que reviste este sacramento para la Iglesia dominicana. Indicó que ante el altar todas las diferencias y barreras desaparecen por completo.
«La Eucaristía es el antídoto contra la división, contra la indiferencia y contra el egoísmo que hoy fractura tanto nuestra sociedad. Quien comulga con Cristo no puede permanecer ajeno al dolor de su hermano. Si Cristo es nuestra vida, nuestro estilo de vida debe ser el de Cristo: el de la entrega total», sentenció con firmeza el obispo diocesano.
El dignatario eclesiástico detalló la profunda paradoja del amor de Dios, quien, siendo el Creador del universo, optó por refugiarse en la fragilidad de una hostia consagrada.
Aseguró que esta decisión responde a que el amor divino no se conforma con ser una idea abstracta, sino que demanda hacerse carne, ser palpado y ser compartido de manera comunitaria.
En un llamado directo y enérgico orientado a la misión social de la Iglesia en toda la provincia Duarte y el país, exhortó a los obispos, sacerdotes, diáconos y laicos a asumir la esencia de la caridad:
«Debemos dejarnos partir y repartir por los pobres, por los que sufren y por los que se sienten abandonados en nuestra tierra dominicana».
Previno a los fieles en contra de la rutina o de cumplir con las celebraciones religiosas como un simple formalismo o rito vacío.
Instó a orar con sincero reconocimiento e identidad de fe para que la Eucaristía transforme a la sociedad en personas capaces de perdonar, amar hasta el extremo y consolidarse en un solo cuerpo, mostrando al mundo un testimonio vivo de fe y esperanza.


