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El abuso y los abusadores

Foto Rafael Peralta Romero 2Voces y ecos

Por Rafael Peralta Romero

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La condición pendular de nuestros políticos podrá hacer posible la reforma constitucional que apetece el presidente Danilo Medina. Lo hemos dicho antes: nuestros líderes actúan a partir de coyunturas, su pensar es transitorio, ellos oscilan entre relativismos. Sus máximos esfuerzos se concentran en la búsqueda de bajaderos.

Leonel Fernández, expresidente de la República y aspirante a la posición, es el más llamado a concertar ese trato, en caso de que obtenga la nominación presidencial de su escindió partido, del que Medina controla la tajada mayor. Es una de las concesiones que habrá de hacer Fernández para amansar al actual mandatario y ganarse su apoyo.

Resulta más difícil entender que líderes de la oposición insistan en la dicha reforma, la cual solo interesa al ciudadano Danilo Medina y a su privilegiado entorno. No alcanzo a comprender qué ha motivado al presidente del PRSC, Federico Antún, y al expresidente Hipólito Mejía, potencial candidato del PRM, a reclamar otra reforma.

¿Qué será lo que tanto debe la democracia dominicana a Danilo Medina para que después de gobernar ocho años se le arregle la Constitución a fin de que vuelva a complacer su insaciable apetito de poder? Su ejercicio de gobierno no ha demostrado que tenga el político arroyocanense un don excepcional que lo torne imprescindible.

Algunos hechos, no obstante ser conocidos, merecen recordarse. En 2002, el presidente Mejía propició una reforma constitucional que le permitió repostularse, pero no alcanzó la reelección. El beneficiado de esa modificación a la Carta fue su sucesor, Leonel Fernández, cuya repostulación inició la guerra con su estratega Danilo Medina.
Fernández gobernó ocho años con el modelo constitucional hipolitista, que incluía una repostulación y nunca jamás. Pero no le bastó, y en 2010 se las ingenió para aplicar una modificación que le quitaba el impedimento de por vida. El modelo leonelista incluía la alternancia cuatrienal, es decir un período de gobierno, cuatro años de receso y volver.

Danilo Medina llegó a la presidencia de la República en 2012 y juró una Constitución que le impedía la repostulación. Sin pudor ni rubor, sobornando a los legisladores de su propio partido, consiguió acomodar la Constitución a sus aspiraciones, y así la retornó al modelo hipolitista: una repostulación y nunca jamás.

¿Qué quiere Medina ahora? ¿Retornar al modelo introducido por su antiguo amigo Leonel Fernández? Para darle al líder del danilismo el gusto de ser candidato presidencial se precisa estirar la Constitución y ponérsela como él la encontró e hizo alterar. Ese sería su punto de avenencia con Fernández, cuya candidatura presidencial dependerá mucho de Medina.

Lo paradójico, lo chocante, lo difícil de asimilar es cómo otros dirigentes políticos promueven el retorno de Medina, sabiendo que eso equivale a la entronización de lo que hoy abunda en el país: corrupción, soborno, sobrevaluación de obras del Estado, el predominio del abuso y la protección de los abusadores.