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¿Para qué estudiar eso?

Foto Rafael Peralta Romero 2Voces y ecos

Por Rafael Peralta Romero
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La Constitución que se debatió y aprobó en 2009 y que fuera proclamada en enero de 2010 incluyó entre otras novedades la separación de las elecciones de autoridades municipales respecto de aquellas en las que se escoge al presidente y vicepresidente de la República. Con la particularidad de que eso se aplicaría diez años después.

Hubo elecciones generales en 2012 y 2016 y todo siguió sin el cambio previsto en el artículo 274, el cual indica que los alcaldes, regidores, directores distritales y vocales serán elegidos en febrero del año electoral y tomarán posesión el 24 de abril de ese año. Esa disposición prevaleció en la alteración constitucional de 2015.

El arreglo efectuado en 2015 solo procuraba acomodar la Carta Magna al interés del presidente Medina de repostularse, y lo hizo contra viento y marea. De este hecho han pasado solo tres años y la mayoría de los actuales legisladores figuran como firmantes del texto constitucional. Algunos suscribieron también el de 2010.

Pero...miren lo que pasa cuando la gente es estudiosa. Sucede que ahora unos diputados se han puesto a estudiar el artículo 274 de la Constitución que ellos juraron. ¡Acaban de descubrir que a las autoridades municipales elegidas en 2016 se les reducirán unos meses, por cuanto entregarán el mando en abril y no en agosto de 2020!
¿Es que no conocían un texto que lleva ocho años publicado y que además es fundamental para el trabajo que realizan? El diputado Máximo Castro Silverio lo confirmó: Hay un grupo de diputados que ha comenzado a estudiar el artículo 274 de la Constitución que establece la diferencia de fecha en los niveles de elecciones.

Si bien el antiquísimo legislador santiaguense habló como un culebro –que no pero que sí...- su colega Víctor De Aza, del Partido Revolucionario Moderno, admitió –como tenía que ser- que los funcionarios municipales que compitieron con la modificación constitucional de 2010 saben que eso está consignado en la Carta Magna.

Pero algo se mueve por lo bajo. Y no huele bien. Vi y escuché un breve corte noticioso en el que el senador Santiago Zorrilla –mi compueblano- quien es vocero del PRM, principal partido de la oposición, acepta con tranquilidad que se está gestando una reforma a la Constitución. ¡Pero, por Dios, lo dijo sin alterarse! Como si comentara una trivialidad.

¿Será que la maquinaria danilista busca esta vía para introducir la apetecida alteración a la Constitución que permita, con la razón bruta, otro intento de repostulación? El diputado Fidel Santana, del Frente Amplio, lo advirtió y su observación es muy pertinente. Lo contrario es impertinente. ¿Para qué estudiar ahora lo conocido de viejo?